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Congresos

XXIII Congreso de la Internacional Socialista, Atenas
Solidaridad Global: La valentía de lograr la diferencia

30 de junio-02 de julio de 2008

III TEMA
CONDUCIENDO LA ECONOMIA MUNDIAL HACIA UN NUEVO CAMINO
Para un crecimiento y un desarrollo con oportunidades para todos
 
Original: inglés
 
 
La Internacional Socialista aspira a lograr un desarrollo global sostenible en lo económico, social y medioambiental, gracias al cual los siete mil millones de seres humanos del mundo tengan las mismas oportunidades para una vida decente, gozando del respeto incuestionable y sin compromisos a sus derechos humanos.
 
Al mismo tiempo, todos los seres humanos comparten la obligación de preservar y salvaguardar el medio ambiente. La sociedad mundial de hoy aún se encuentra muy lejos de alcanzar estos objetivos.
 
El desarrollo sostenible es una tarea global para todos los países y regiones. Mientras más pobre es un país, más grande es su necesidad de crecimiento económico. El crecimiento económico en los estados menos desarrollados beneficia a los estados de mayor desarrollo. El crecimiento económico
 
La situación general
 
El índice de crecimiento anual del PIB mundial entre 1975 y 2005 fue de 1,5%, con un aceleramiento a partir de los años 1990s. Los estados de la OCDE experimentaron un crecimiento promedio de 2,0% durante ese periodo, pero con una leve desaceleración después de 1990. Los países con las mayores poblaciones del mundo han contribuido cada vez más al crecimiento global. El promedio de crecimiento en China tiene una velocidad del 8,4% y en la India del 3,4%. El crecimiento en estos dos países ganó un gran ímpetu después de 1990, llegando al 8,8% en China y 4,2% en India. Sin embargo, las diferencias de ingresos per cápita dentro de las paridades del poder de compra permanecen altas: en los estados de la OCDE el ingreso per cápita es de US$29,197, mientras que esta cifra es de US$6,757 en China y US$3,452 en India (en el año 2005). En Africa sub-sahariana esta cifra es de US$1,499.
 
Los altos ingresos tienen relación con las expectativas de vida más larga, si se comparan con los bajos ingresos y la pobreza. La expectativa de vida en los estados de la OCDE es de 78,3 años, en tanto que en China es de 72,5 años, los rusos viven un promedio de 65,0 años, en India el promedio es de 63,7 años, y en Africa sub-sahariana de 49,6 años. La injusta y desigual distribución de la riqueza existe no solamente entre los estados sino que principalmente dentro de los estados. Mientras Europa y Japón tienen un Indice de Gini de cerca de 30 y 25 respectivamente, China y Brasil son víctimas de una extremadamente desigual distribución del ingreso, lo que queda reflejado en Indices de Gini de 47 y 57 respectivamente. Los EE.UU, tienen un valor Gini de 41 y Rusia de 40. Una distribución del ingreso con una equidad perfecta consistiría en un valor de 0, y completamente desigual en un valor de 100. Más de mil millones de personas viven con menos de US$1 diario y más de mil millones y medio de personas viven con entre 1 y 2 dólares diarios.
 
Con respecto al impacto global medioambiental debido a las emisiones de dióxido de carbono, los EE.UU. producen 21 toneladas por año, Alemania 10, China 4 e India 1 tonelada por año, y Africa sub-sahariana 0,5 toneladas per cápita (2004). Existe una obligación global de evitar el cambio climático. Las naciones más ricas con el mayor volumen de emisiones deberían reducir sus emisiones en mayor cantidad.
 
Desde 2005, el crecimiento global se ha elevado a 5% por año, en Rusia a más del 6%. En América Latina el crecimiento se ha mantenido relativamente débil, con menos del 3% en Brasil. En interés de los países menos desarrollados, índices más altos de desarrollo en estos países, comparados con los países de la OCDE, siguen siendo necesarios para iniciar procesos destinados a conseguir una igualdad. El crecimiento económico global debe ser equilibrado igualmente entre los estados más y menos desarrollados. Los más desarrollados deben apoyar a los menos desarrollados en este proceso, solamente de esta manera podrá superarse la pobreza. Para la Internacional Socialista el crecimiento debe dar oportunidades a todos, debe ser un desarrollo sostenible significativo que cuide las necesidades medioambientales.
 
Al mismo tiempo, el desarrollo económico global sufre debido a restricciones estructurales no solamente aumentando la injusta distribución de ingresos y de riqueza, sino también debido a la incapacidad de los sistemas políticos a nivel estatal y global de superar las restricciones estructurales. Las dos mayores crisis recientes en los mercados financieros y de materias primas son la expresión de un régimen inadecuado de gobernanza, incapaz de promover un desarrollo económico justo y efectivo.
 
Durante años, la Internacional Socialista se ha opuesto a la ideología de mercado neoliberal y al unilateralismo, el enfoque de sistema económico global dominado por los EE.UU. La IS ha concebido una alternativa que combina la dinámica del mercado global con valores sociales, ecológicos y democráticos.
 
La IS está consciente de que la globalización está cuestionando elementos básicos del orden económico y social de los estados de bienestar. Estados-Nación, que por más de un siglo han sido un elemento central del orden político, social y económico, están perdiendo su capacidad para responder a los nuevos desafíos. Solamente los estados más grandes, como EE.UU., China e India se han mantenido fuertes y sistemáticamente importantes, basados en el número de sus habitantes, en su fuerza económica o en su poder militar.
 
Nuevos actores o corporaciones transnacionales están asumiendo parte de las capacidades discrecionales de los estados. En muchas áreas de la economía, las soluciones nacionales por si solas ya no son suficientes y deben ser reemplazadas o acompañadas por esfuerzos globales coordinados. Eso implica varios niveles de responsabilidad. Los estados deben cooperar más efectivamente y la integración regional es crucial para todos. Existe la necesidad de contar con una política más efectiva a nivel global. Actualmente, el nivel global sufre de una falta de legitimidad. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas está dominado por poderes post- Segunda Guerra Mundial y los países en desarrollo no están representados suficientemente. En las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs), los EE.UU. ejercen una influencia inaceptable. Una condición para lograr organizaciones globales más efectivas es contar con más democracia global.
 
La aceleración del crecimiento en los últimos años ha demostrado que la globalización puede ser una poderosa fuente de riqueza. Más y más trabajos a través del mundo dependen del comercio internacional y/o han sido creados gracias a inversiones internacionales. La globalización abre oportunidades, especialmente para aquellos que no se han beneficiado con el orden económico de la era post-Segunda Guerra Mundial, como son los casos de China y de India. Estos estados, hasta ese momento no incorporados, están siendo integrados al comercio global y a los nuevos centros tecnológicos y productivos que van emergiendo.
 
Al mismo tiempo, la globalización es una fuente de problemas a escala global: una creciente división entre ricos y pobres. La consecuencia es la migración global.
 
La globalización neoliberal da rienda suelta a los movimientos especulativos de capital, lo cual produjo un número de crisis financieras en el Sureste Asiático, en América del Sur, en Rusia y en Turquía en los años 1990s. Desde el año 2006 la crisis originada en los mercados de EE.UU. ha afectado a las economías de países más y menos desarrollados y disminuido las oportunidades de crecimiento económico. Muchas personas en diferentes países han perdido sus empleos. Durante muchos años los responsables políticos y económicos habían anticipado este tipo de crisis. Esto demuestra que el orden financiero del Consenso de Washington ha fracasado, pero hasta ahora no ha habido suficiente responsabilidad democrática para proteger al mundo de estos fracasos.
 
Los efectos de la globalización -si es gobernada, como lo es, por la lógica financiera liberal- son distribuidos desigualmente. El mayor desafío planteado por la globalización es por lo tanto el de hacer posible una política democrática para implementar estados de bienestar a escala global. Se necesita una gobernanza global a diferentes niveles, con responsabilidades:
 
o  a nivel del estado,
 
o   a nivel regional supra-estado, y
 
o   a nivel global.
 
A todos estos niveles son aplicables los mismos valores, principios e instrumentos, con validez ilimitada.
 
A nivel del estado
 
La política económica de todos los estados debería estar guiada por los principios sobre los cuales se basa el estado de bienestar: economía de mercado por un lado, regulación, redistribución y bienes públicos por el otro. La integración pacífica de los individuos a las sociedades globalmente interrelacionadas solamente podrá conseguirse como una integración social, protegiendo los derechos humanos de los ciudadanos. Cada estado tiene la responsabilidad de lograr una integración social.
 
La competencia entre estados mediante la reducción de impuestos, la desregularización y el recorte de los presupuestos estatales puede destruir la capacidad de los estados para garantizar la integración social. Los estados más pequeños que deseen promover el desarrollo sostenible deben estar preparados a buscar la integración regional.
 
A nivel regional supra-estado
 
La IS reitera la propuesta de su Congreso de São Paulo en 2003 para un efectivo proceso de regionalización supra-estado. Las regiones deben asumir un papel cada vez más activo en las áreas económica, social, migratoria y cultural. Un gran obstáculo para la integración económica regional es el uso de sanciones unilaterales ilegales y bloqueos contra estados vecinos y unidades políticas. Se necesita una mayor cooperación globalmente, dentro y entre las regiones supra-estado. Estos esquemas de integración son principalmente una respuesta a los intereses y dimensiones económicas, pero los esquemas de integración regional pueden tener aún más dimensiones. La Unión Europea se destaca claramente a este respecto.
 
Las regiones crean niveles intermedios, o marcos institucionales, en al menos dos dimensiones:
 
Económicamente, ellas crean mercados comunes que son niveles intermedios del comercio internacional que permiten la especialización, los procesos de aprendizaje, el cuidado de las industrias y tecnologías en formación y que miden su rendimiento, preparando así a las empresas de países menos desarrollados para competir en el mercado mundial;
 
Crean un marco institucional de solución a problemas entre estados y para interacciones que dejan de existir a nivel estatal, sin tampoco tener dimensiones globales, y establecen áreas de cohesión social basadas en la solidaridad.
 
Las cifras para China e India pueden ser el peso para poblaciones que podrían estar integradas regionalmente. Comparadas con éstas, el Africa sub-sahariana, América del Sur, la UE, Norte y Centro América, Rusia y los estados en transformación, el Oriente Medio y una o dos regiones en el Sureste Asiático, podrían crear regiones.
 
A nivel global
 
Un Sistema de Naciones Unidas más democrático
 
La IS reitera su propuesta de un “Consejo de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible”, para establecer un mecanismo global de coordinación –un nuevo Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para temas Económicos, Sociales y Ambientales. Este Consejo debería estar compuesto y funcionar de manera que tome en cuenta las dificultades que enfrenta el actual Consejo de Seguridad de la ONU. Los eventuales miembros permanentes deberían ser más representativos del mundo en general y de todas las mayores regiones económicas, incluyendo a China, India, la UE, los Estados Unidos, Africa, América Latina, el Oriente Medio y regiones en Asia y Oceanía, debería reflejar el mundo del 2008, no el mundo de 1945.
 
El Consejo para el Desarrollo Sostenible debería ser independiente del Consejo de Seguridad y tener la misma importancia con respecto a asuntos económicos y sociales internacionales que el Consejo de Seguridad en temas de paz y seguridad. Debería estar en situación de mejorar la coordinación entre políticas económicas, financieras, sociales y ambientales internacionales.
 
Debería ser un foro de deliberación destinado a contribuir a lograr justicia social y económica, estabilidad y prosperidad en el mundo, sobre la base de la Carta de la ONU y el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU.
 
Debería tener las siguientes funciones:
 
-   evaluar continuamente el estado de la economía mundial;
 
-   promover una coordinación macroeconómica más fuerte, tendiente a corregir potenciales desequilibrios globales;
 
-   promover una estrategia a largo plazo para el desarrollo sostenible;
 
-   asegurar la consistencia entre las políticas de definición de objetivos y actividades de las instituciones económicas, sociales y ambientales internacionales, especialmente con respecto a las Instituciones Financieras Internacionales y a la OMC, la OIT, el PNUD y el PNUMA; estas organizaciones deberían contar con normas comunes sobre las prioridades de su agenda global;
 
-  gestionar y arbitrar las externalidades del comercio, del empleo y del medio ambiente;
 
-   nombrar a los Jefes Ejecutivos de todas las organizaciones de Naciones Unidas que tratan el tema del desarrollo sostenible y las Instituciones de Bretton Woods.
 
El Consejo debería reunirse una vez al año a nivel de jefes de estado con los jefes ejecutivos de todas las principales agencias globales relacionadas con el desarrollo sostenible.
 
Estado de Bienestar
 
La globalización neoliberal ha erosionado la capacidad de los estados para dirigir sus economías de acuerdo a objetivos dados, tales como empleo pleno, crecimiento o redistribución tributaria. Pero estos son objetivos globales. Se necesita una mayor cooperación y coordinación globales para poder alcanzarlos.
 
Regulación, redistribución y bienes públicos son los principios sobre los cuales está basado el Estado de Bienestar, y se han convertido ahora en la base de un orden global de inclusión social.
 
-  La regulación debe ser sostenible e implementada efectivamente.
 
-  La redistribución tiene que ser socialmente justa.
 
-  Los bienes públicos deben ser accesibles a todos.
 
Comercio global
 
El actual sistema de la Organización Mundial del Comercio (OMC), continúa siendo inadecuado e insatisfactorio. Muchos estados en desarrollo siguen estando marginados económicamente y no integrados a los mercados mundiales. La OMC ha fracasado hasta ahora en dar una respuesta adecuada a este desafío.
 
La actual ronda de negociaciones se conoce como la Ronda del Desarrollo. Luego del estancamiento de la reunión ministerial en Cancún, el proceso de negociaciones involucró a nuevos actores organizados como el G-21. El orden de comercio global necesita una reforma fundamental en favor de los estados menos desarrollados. El comercio libre para los pobres podría ser un indicativo de la dirección a seguir. La libre entrada al mercado debería otorgarse en primer lugar a los estados menos desarrollados. La reciprocidad debería ser desregularizada entre estados con un mismo nivel de desarrollo –entre menos y menos desarrollados, entre más y más desarrollados- y no entre estados menos y más desarrollados. Este principio incluye también la reforma del mercado agrícola, incluido el algodón. Los desafíos a largo plazo para la OMC son abordar las preocupaciones relacionadas con el medio ambiente, estándares laborales principales, la preservación de las culturas nacionales, las normas que afectan a las inversiones y a las perspectivas de género.
 
Materias primas y energía
 
El mundo cuenta con suficientes materias primas para responder a las necesidades de nutrición y energía de más de diez mil millones de personas, mediante el uso de tecnologías eficientes.
 
Los actuales problemas de escasez de alimentos son el resultado de una distribución desigual, una mala gobernanza y la especulación financiera que afecta a la producción de alimentos. A corto plazo, los países y regiones donde la gente sufre de hambre deberían recibir ayuda mediante un sistema de distribución efectiva organizado por la ONU. La productividad del sector agrícola, especialmente en Africa, debería ser apoyada con cooperación económica con los países de la OCDE y en desarrollo, y con un importante aumento de la cuota de la ayuda pública destinada a la agricultura.
 
Varias propuestas y mecanismos para aumentar los fondos de ayuda destinados al sector agrícola de los países en desarrollo fueron presentadas durante la última cumbre alimentaria de la FAO en Roma. Tal vez una de las más significativas fue el llamamiento lanzado por Túnez a la comunidad internacional a contribuir al financiamiento del Fondo de Solidaridad Mundial de la ONU, destinándole un dólar por barril de petróleo, a fin de combatir el hambre y la pobreza en el mundo.
 
Tales iniciativas basadas en la solidaridad tienen muchas posibilidades de lograr sus objetivos, ya que ellas representan correctivos vitales a los excesos de la globalización, especialmente en lo que se refiere a la desregularización de los precios de las materias primas básicas y a la brutal erosión de los derechos del consumidor.
 
“La valentía de lograr la diferencia” comienza mostrando la sustentabilidad de estas iniciativas, como también su rentabilidad a largo plazo para todas las naciones.
 
Los actuales problemas energéticos y de recursos metalúrgicos son un problema de sobreconsumo en los estados de la OCDE y de una renuencia a usar tecnologías de ahorro energético. Ahora es el momento para que la producción y el consumo energético como un sector más amplio del desarrollo global, sean regulados y controlados bajo la responsabilidad de las Naciones Unidas.
 
Mercados financieros globales
 
El proceso de globalización tiene incidencia en los mercados financieros. Dar forma a estos mercados de acuerdo con un desarrollo global sostenible significa principalmente reformar el actual orden financiero. Los EE.UU. ya no se encuentran más en la situación indiscutible de proveer la unidad monetaria mundial. Son cada vez más dependientes de los flujos de capital provenientes especialmente de China, de Japón y de la totalidad de la región del Este de Asia.
 
Hay una urgente necesidad de reformar el sistema financiero global y las Instituciones Financieras Internacionales. La IS subraya la necesidad de convocar a una conferencia global sobre los mercados fiscales a fin de encontrar soluciones efectivas para todos los estados y pueblos del mundo.
 
La reforma del FMI y del Banco Mundial, incluyendo una modificación del sistema de cuotas, para que los países en desarrollo estén mejor representados, como ha sido el caso en la reciente reforma del 2008, se hace necesaria para:
 
-  prevenir crisis y manejar los riesgos globales;
 
-  controlar los fondos especulativos y combatir el lavado de dinero;
 
-   organizar más efectivamente la cooperación entre autoridades monetarias.
 
La transparencia en la toma de decisiones del FMI debe ser incrementada –para los estados miembros, los parlamentos, la sociedad civil y los medios- y las estructuras de gobierno del Fondo deben hacerse más democráticas reformando los votos básicos.
 
La reforma del Banco Mundial debe intensificarse yendo hacia un completo entendimiento del desarrollo más allá de la ortodoxia de un mercado liberal, incluyendo opciones para proteger las economías y sociedades vulnerables contra presiones externas.
 
Los bancos de desarrollo regionales deberían trabajar más efectivamente para promover una integración regional, ya que ellos son percibidos como más cercanos a sus clientes que las IFIs. En un sistema reformado, no deberían existir problemas de cooperación entre instituciones globales y regionales.
 
La última crisis en los mercados financieros aumenta la necesidad de contar con nuevas regulaciones dentro del sistema financiero. Por una parte, el sistemático comportamiento procíclico de agencias privadas de encuestas de evaluación necesita ser desbaratado con una vigilancia pública más estricta, por ejemplo por el Banco para los Acuerdos Internacionales. Por otro lado, la complejidad de los instrumentos y productos financieros necesita ser monitoreada y regulada por una institución independiente para evitar situaciones de incalculables riesgos en los mercados crediticios. Un órgano supervisor debería ser responsable de un procedimiento aprobado para productos financieros de estructura compleja.
 
Requerimientos de capital podrían ser especificados de acuerdo con la respectiva evaluación de riesgo. En casos extremos podría negarse la aprobación a un producto.
 
Existe una necesidad de financiar globalmente el desarrollo y los bienes públicos globales. Nuevos recursos globales son necesarios para lograr estos objetivos. Las Facilidades Financieras Adicionales deben estar mejor financiadas, por ejemplo, con la instalación de un sistema tributario global.
 
Financiando el desarrollo
 
Una distribución más justa y pareja entre los diferentes estados requiere de mayores recursos. En primer lugar, la OCDE y otros estados desarrollados deberán implementar el objetivo del 0,7% de financiamiento al desarrollo. En particular, las personas de los países productores y no solamente las compañías internacionales deberían beneficiarse de la producción de materias primas. Las Naciones Unidas deberían hacer accesible un sistema de consultoría que pueda informar a los estados productores sobre las mejores maneras de usar este ingreso.
 
La deuda es el obstáculo más serio para el desarrollo en un gran número de países. El programa de cancelación de la deuda para los Países Pobres Altamente Endeudados debe continuar y ser reformado, conjuntamente con condiciones orientadas social y democráticamente a mejorar la buena gobernanza. Debe establecerse un nuevo mecanismo para la deuda.
 
Trabajo global
 
El trabajo es esencial para asegurar la existencia humana. Un mercado laboral de inclusión y equitativo, es el filtro a través del cual la riqueza es redistribuida y la pobreza puede ser encarada eficientemente a nivel global. Una política global de desarrollo debe permanecer enfocada en el impacto que tiene la globalización sobre los mercados laborales. Es el momento para hacer del empleo sostenible y decente un objetivo macroeconómico central para las IFIs, combinar lo macroeconómico con una política estructural y vincular las políticas económicas y sociales. Repensar las políticas laborales e integrar la perspectiva de género, es esencial para confrontar las negativas implicaciones que tiene el género en las actuales pautas relacionadas con trabajo y empleo.
 
En los próximos diez años, cerca de mil millones de jóvenes llegarán a la edad de trabajar. Pero existe una brecha fundamental entre sus habilidades y sus conocimientos. Una parte de ellos pertenece a la generación que recibió la mejor educación posible, mientras que otros carecen de oportunidades educacionales. Una estrategia global de empleo para el siglo XXI debe concentrarse en la educación como una precondición para la creación de empleos. Estos empleos deben ser a la vez más viables y sostenibles a fin de que los jóvenes puedan obtener un trabajo decente y así integrarse plenamente a la sociedad mundial.
 
La responsabilidad del sector privado
 
Las corporaciones transnacionales (TNCs), en su calidad de ser las grandes ganadoras en la era de la globalización, deben ser forzadas a asumir sus responsabilidades sociales y ambientales. Ellas podrían estar mejor controladas si se introdujeran regulaciones internacionales en el campo de la competencia global y de los derechos de los consumidores. Las TNCs se encuentran al centro de la brecha tributaria en las actuales sociedades; debido a políticas de desregulación, el capital evita la tributación, poniendo así la carga del financiamiento estatal sobre el consumo y el trabajo. Se requieren esfuerzos internacionales conjuntos para revertir esta tendencia.
 
 

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