Declaracion

Promoviendo una sustentabilidad común en una sociedad global e interdependiente: Reunión de la Comisión en Santiago

24 Marzo 2008

La Comisión de la Internacional Socialista para una Sociedad Mundial Sustentable, reunida en Santiago de Chile el 24 de marzo de 2008, con la participación de S.E. la Presidenta de la República de Chile, Michelle Bachelet, examinó una agenda que tuvo como eje central los objetivos y responsabilidades compartidos de la comunidad internacional para avanzar una sustentabilidad común en una sociedad mundial global e interdependiente.

Como ha quedado en evidencia con las crisis financieras que se extienden hoy a través de las economías en el mundo, las respuestas comunes serán fundamentales para superar crisis que afectan a cada país, a cada sociedad y a todas las personas. Dentro de este nuevo contexto global, la política adquiere nuevas responsabilidades, como también las adquieren los ciudadanos, las comunidades, las instituciones y los gobiernos.

La gobernanza global ya no es un concepto sino una urgente necesidad. La política necesita globalizarse para garantizar la paz y la estabilidad; para salvaguardar el medio ambiente; para generar desarrollo y cohesión social; para asegurar economías fuertes que puedan resistir presiones especulativas y crear justicia y oportunidades para todos.

Ningún otro tema ilustra mejor la naturaleza carente de fronteras y verdaderamente global de los desafíos que enfrenta el mundo de hoy y la necesidad de proponer respuestas comunes, que el calentamiento global y el cambio climático.

En este sentido, la Comisión en su reunión en Santiago se sintió alentada por la urgencia expresada en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático celebrada en diciembre de 2007 en Bali, y el acuerdo alcanzado por los participantes en ella, de que cualquier demora en reducir el calentamiento global aumentará la incidencia de severos impactos climáticos en los ya frágiles sistemas ecológicos del planeta.

La Comisión saludó los acuerdos alcanzados por las más de 180 naciones allí representadas, incluyendo la Hoja de Ruta de Bali y el Plan de Acción de Bali, que ponen en marcha un proceso de negociaciones para lograr un nuevo régimen sobre cambio climático como sucesor del Protocolo de Kioto, dentro de dos años.

Para este fin, la Comisión espera con interés la primera sesión del Grupo de Trabajo Ad Hoc sobre Acción Cooperativa a Largo Plazo bajo la Convención (AWG-LCA), y la primera parte de la quinta sesión del Grupo de Trabajo Ad Hoc sobre Compromisos Futuros por parte de los Estados del Anexo I bajo el Protocolo de Kioto (AWG-KP), para avanzar estas negociaciones que tendrán lugar entre el 31 de marzo y el 4 de abril en Bangkok.

Expresando su preocupación al no haberse acordado objetivos firmes y específicos para la reducción de las emisiones en la Conferencia de diciembre, la Comisión espera que la flexibilidad y el espíritu de cooperación demostrado por muchas naciones en Bali, continúen durante las nuevas negociaciones para un plan integral que contemple el calentamiento global.

Se tomó nota positivamente del acuerdo allí alcanzado para que las naciones asuman compromisos o acciones vinculantes a fin de lograr profundos cortes en las emisiones globales en las próximas etapas, y de que las naciones industrializadas hayan acordado acciones de mitigación, mensurables y verificables, como también asistencia financiera para apoyar los esfuerzos de los países en desarrollo tendientes a alcanzar un desarrollo económico sustentable y una reducción de las emisiones.

La Comisión reiteró que ahora se necesitaba contar con objetivos realizables, a corto y largo plazo e internacionalmente vinculantes, para reducir las emisiones.

Tanto como fue difícil el proceso que llevó a Bali, la Comisión cree que las próximas etapas presentarán aún mayores desafíos, que el trabajo más duro queda todavía por hacer, y que es mucho lo que se necesita lograr dentro del estrecho marco de oportunidades de dos años ofrecido por la Hoja de Ruta de Bali.

Asegurar un sistema multilateral capaz de responder a la crisis del cambio climático y a sus efectos a escala global, requiere de un liderazgo por parte tanto de los países desarrollados como en desarrollo, como también de una solidaridad sin precedentes entre ellos. Las implicaciones globales de esta crisis generarán un mundo que presentará urgentes y variadas demandas sobre los recursos naturales de las naciones, con la posibilidad de que ésto origine mayores focos críticos de conflicto en lo que se refiere a los recursos energéticos y al acceso a ellos, mayores flujos migratorios medioambientales, una extensa propagación de enfermedades contagiosas y crecientes presiones sobre Estados y regiones vulnerables.

Reiterando su firme convicción de que la agenda internacional para el cambio climático debe estar ligada a la erradicación de la pobreza, la Comisión subrayó que toda reforma económica global deberá asegurar que el desarrollo no solamente contemple la creación de más áreas verdes, sino que también deberá ser más justo y sustentable, y que las políticas de desarrollo, nacionales e internacionales, deberán incluir aspectos de orden climático. Es necesario aumentar los esfuerzos con respecto a la cancelación de la deuda de los países más pobres y otorgar a esos países un acceso sin restricciones a los mercados, para así disminuir la desigualdad entre las naciones.

Un desafío fundamental es asegurar el financiamiento e inversión necesarios para promover un crecimiento económico bajo en carbono, particularmente en las naciones en desarrollo, y apoyar avances tecnológicos eficientes en lo que respecta al calentamiento global, como también la transferencia de las tecnologías necesarias para el mundo en desarrollo, y para lograr estos fines es fundamental contar con una nueva arquitectura financiera internacional.

La Comisión hizo notar que los mercados de comercialización del carbón ofrecen algunas ventajas, pero subrayó que los mercados por sí solos, como en el caso de la economía global en su conjunto, son insuficientes y no darán el apoyo financiero y los recursos necesarios para lograr la requerida combinación de una significativa reducción de las emisiones, de una adaptación a las ya cambiantes condiciones climáticas y de una seguridad energética, con un desarrollo económico equitativo y medioambientalmente sólido.

La determinación política y las decisiones basadas en la solidaridad deberían colocarse al centro del proceso de toma de decisiones cuando se trate del cambio climático. Los mercados por sí mismos no proveerán las respuestas, por lo tanto la política debe poner el énfasis y dar al mercado los incentivos necesarios para que éste funcione en beneficio del medio ambiente.

Una importante área de acción para promover y lograr una respuesta global unificada al cambio climático es la educación pública. La Comisión saludó la creciente toma de conciencia entre los ciudadanos de muchas partes del mundo, pero enfatizó también la necesidad de intercambiar las buenas prácticas, de programas más extensivos para influenciar al público, incluyendo a la esfera política en igual medida que al nivel de comunidad.

El vital papel que cumple la comunidad científica al monitorear los sistemas naturales del planeta e informar a las instituciones globales, a los gobiernos nacionales y al público en general sobre los efectos medioambientales del calentamiento global, como también al dar proyecciones futuras, debe ser apoyado. Una mayor inversión es crucial para la investigación y el desarrollo, como también para estudios científicos de mayor alcance.

La Comisión tomó nota como algo positivo la manera en que las actitudes del sector privado han ido cambiando recientemente, aunque con lentitud, con respecto a los efectos del calentamiento global. Este ha sido el caso entre algunas grandes corporaciones, como también en empresas más pequeñas. Dentro de una perspectiva más amplia, las nuevas tecnologías van mano a mano con el crecimiento y desarrollo económico. Sin embargo, a corto plazo, el apoyo público es a veces necesario para hacer rentables las inversiones del tipo de zonas verdes y asegurar una cooperación más productiva y asociaciones genuinas entre los sectores públicos y privados. Un mayor progreso requiere además que los gobiernos provean un claro sentido de orientación, incluyendo políticas para establecer objetivos para empresas privadas y empresas de propiedad del Estado, promover un comportamiento cuidadoso del medio ambiente y definir metas concretas, alentar inversiones e investigación y asegurar que los comportamientos que dañan el medio ambiente deben hacerse responsables de su costo.

La protección del medio ambiente implica la necesidad de cambiar la manera en que producimos la energía, y también la manera en que consumimos la energía dentro de la sociedad. De esta manera, las tecnologías y el comportamiento necesitan ser estimulados para cambiar las actitudes, ser eficientes y conservar la energía. Un enfoque sector por sector para identificar las áreas con altas emisiones y adoptar políticas apropiadas sería una manera de ir avanzando.

La Comisión de la Internacional Socialista para una Sociedad Mundial Sustentable está consciente de que muchos de los cambios y nuevas iniciativas necesarias serán difíciles de implementar. Pero es el único camino posible. Las instituciones internacionales hoy día y todo el sistema multilateral necesitan más que nunca tener la capacidad de responder a las expectativas y demandas de nuestros ciudadanos para una sociedad sustentable, más justa y más humana.

Habiendo visitado la Antártica, donde tuvo oportunidad de observar directamente los complejos y drásticos efectos del cambio climático, la Comisión, plenamente consciente de la responsabilidad que hoy todos compartimos con las futuras generaciones, está convencida de las nefastas consecuencias medioambientales, económicas y sociales que resultarán si no se actúa ahora.

 

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