Declaración de Rosario

Reunión del Comité de la Internacional Socialista de Autoridades Locales, Rosario, Argentina, 31 de marzo-01 de abril de 2000

LAS AUTORIDADES LOCALES Y EL MERCADO DE TRABAJO: LAS POLITICAS SOCIALDEMOCRATAS PARA ASEGURAREL TRABAJO Y HACER FRENTE AL DESEMPLEO

El trabajo ha sido siempre la condición por excelencia de la especie humana. El trabajo ha evolucionado en su carácter conforme a la evolución de la vida social. Así, el ejercicio del trabajo se ha ido transformando desde las sociedades primitivas hasta nuestros días. Hoy día, en razón las formas dominantes de organización de la producción y la concentración espacial de la producción en sociedades capitalistas urbanas, el trabajo se ejerce principalmente como empleo asalariado.

  • Las modalidades últimas de integración de nuestros países a la economía mundial (bajo el eufemismo de "aldea global") han ubicado al desempleo urbano como el reto principal. Es evidente, que las políticas macroeconómicas o sectoriales, cuando éstas últimas tienen lugar, no han resultado suficientes para contrarrestar los efectos de la globalización económica, en particular en los países subdesarrollados. La desnacionalización de empresas públicas, el ajuste de las dotaciones de personal a las nuevas formas de organización del trabajo y de la producción en las empresas, el cierre de establecimientos o de líneas de producción por las aperturas económicas indiscriminadas y súbitas, han tenido como efecto distintivo un aumento del desempleo urbano aún cuando algunos países, muy pocos por cierto, experimentaran tasas aceptables de crecimiento económico. La descripción anterior se acentúa cuando se registra el impacto de las migraciones que siguen a las crisis de las economías regionales y que buscan en las ciudades el lugar de arraigo por las oportunidades de sobrevivencia.
  • La otra cara del desempleo urbano ha sido la desintegración social. Perdida la condición de trabajador, se debilitan hasta agotarse los atributos de consumidor y ciudadano que complementan a aquél en amplias franjas de la población. Libertad e igualdad se vacían de contenido. La responsabilidad de contrarrestar este estado de cosas aparece trasladándose a los gobiernos municipales, sin que éstos tengan los recursos y las atribuciones suficientes para implementar soluciones a los problemas del desempleo.
  • De más en más, correlativamente, se registra una disposición de los ciudadanos, de manera individual u organizada, a colocar sus demandas ante las instancias municipales. Se refuerza esta tendencia observando el proceso de reposicionamiento de las organizaciones citadinas de empleadores y sindicatos por la dificultad que las centrales empresariales y sindicales de nivel nacional tienen para responder a la diversidad de los impactos de la globalización en las ciudades y regiones.
  • El reto es tan fuerte y urgente para nuestras ciudades que no aparece suficiente la recurrencia al eslogan de la "igualdad de oportunidades", una reducción regresiva de los ideales de la Revolución Francesa — Libertad, Igualdad, Fraternidad — que fueron incorporados y desarrollados en los movimientos socialistas del siglo pasado. Este señalamiento empatiza con la reflexión enunciada poco tiempo atrás por Jacques Delors en la Comunidad Europea: "La competencia estimula, la colaboración fortalece, la solidaridad une".
  • La igualdad de oportunidades, una condición necesaria para perseguir la equidad, difícilmente será una respuesta eficiente si sus límites son colocar a las personas en igualdad de condiciones de competir en un capitalismo salvaje que aún no ha demostrado, y difícilmente lo demostrará, una capacidad para resolver estructuralmente el problema del desempleo. La igualdad de acceso a los servicios de salud, educación, formación profesional, justicia y seguridad es insuficiente sin oportunidades de empleo. A modo de un ejemplo entre otros: sin trabajo remunerado no hay salud ni educación continua y universal.
  • Se requiere, entonces, igualdad de oportunidades para trabajar y el desafío consiguiente para las ciudades es complementar el desarrollo de las fuerzas productivas con formas civilizadas y civilizadoras de ejercicio de las políticas públicas, eficientes por su impacto inmediato y por su promoción mediate de nuevas prácticas sociales. Hay viejas proposiciones que pertenecen al campo de la ciencia económica: sin un aumento de la productividad no es posible un alza de los ingresos individuales; sin un aumento del progreso técnico y de las competencias laborales no se alcanzan los aumentos de la productividad; sin un alza sostenida del ahorro y la inversión el aumento del empleo es una quimera. Para que estas proposiciones adquieran el estatus de hechos consumados, una escuela de la economía política propone el ejercicio de políticas activas ejercidas en espacios institucionales de colaboración entre agentes públicos y privados donde se ubiquen las etapas de diseño, implementación y evaluación de políticas. En otras palabras, tan importante como la formulación de políticas para dar respuesta a los variados problemas en nuestras sociedades urbanas (entre ellos, la contradicción, estadísticamente verificable, entre las menores oportunidades de empleo y las mayores horas efectivas de trabajo) es el trabajo de "ingeniería social" exigido para construir los espacios institucionales adecuados.
  • No hay fórmulas mágicas para aumentar el empleo, ni la magnitud del problema del desempleo descansa en una fórmula única. Es típico de la derecha sostener que el crecimiento económico resolverá el desempleo urbano, y que una rebaja de impuestos motorizaría el crecimiento económico. Esa propuesta es paganismo puro. Por cierto, el crecimiento económico es una condición necesaria que nos haría menos difícil asumir los problemas morales en nuestra convivencia urbana, que se resumen en la siguiente pregunta: ¿cuánto de nuestros ingresos personales y nuestros tiempos de trabajo estamos dispuestos a conceder a favor de programas en favor de los desempleados para que éstos puedan apropiarse de los frutos de la cultura, el conocimiento científico y el progreso técnico? Más bien, la persistencia de esos problemas hasta alcanzar una sociedad más humana y justa requerirá encontrar respuestas apelando a los valores religiosos y socialistas que están incorporados en distinto grado en nuestra cultura contemporánea, pero no ejercidos suficientemente.
  • Por otra parte, si una sola fórmula no es suficiente (tanto menos si es mágica porque corresponde al mundo de los deseos alejados de la realidad), la solución descansa en políticas activas ejercidas desde distintos niveles institucionales que los gobiernos municipales estimulan fuertemente y donde se involucran con un grado alto de compromiso.
  • Entre otros componentes de esas políticas activas podemos mencionar los siguientes: el ejercicio de las autonomías de los gobiernos locales; las políticas de ingresos y gastos del municipio; la focalización de los programas especiales de empleo, la creación de nuevos oficios urbanos; la asistencia técnica respaldada por las universidades a nuevos emprendedores y a pequeñas y medianas empresas; el compromiso de todo el sistema educativo formal en la capacitación de la gente; la generación de condiciones locales para el aumento de la inversión y la aplicación de innovaciones tecnológicas; el estímulo a ocupaciones que admiten el trabajo a tiempo parcial y el tiempo compartido de trabajo para favorecer las oportunidades de empleo de mujeres, jóvenes, discapacitados y trabajadores cercanos a la jubilación.
  • Entre las políticas activas afirmamos, en concordancia con la plataforma de Beijing, la necesaria promoción del empleo para las jefas de hogar y el logro de igual remuneración por trabajo de igual valor para mujeres y hombres.
  • Por cierto, dos consideraciones acompañan necesariamente a esta enunciación de políticas activas. La primera es que el ejercicio de las políticas activas tiene costos explícitos cuyo financiamiento no se atiende exclusivamente con la eficiencia en las erogaciones, incluyendo la reasignación de los componentes del gasto. Es necesario ir conformándose a la idea de que el gasto solidario para convivir con seguridad y fraternalmente en las ciudades demandará de un aumento en los ingresos municipales. De ahí la importancia de la autonomía municipal y de la política presupuestaria. Está claro que la redistribución de los ingresos que acompañaría a la aplicación de esas políticas activas es también una manera de contrarrestar la tendencia a la concentración de los ingresos por la dinámica de los mercados capitalista.
  • Tan importante como lo anterior, y ligado a la focalización del gasto, es la despolitización de los recursos de los gobiernos nacionales y, en su caso, de los gobiernos provinciales. Esto es, la descentralización hacia las ciudades de los programas de infraestructura y sociales es una manera más eficiente de asegurar que las oportunidades de empleo estén dirigidos hacia aquéllos que más lo necesitan. En contradicción con las afirmaciones neoliberales que minimizan el rol de las ciudades, se reconoce esencial, para que los municipios puedan intervenir eficientemente en la generación de empleos dignos, un marco jurídico para coordinación entre los poderes nacional, provincial y local.
  • La segunda consideración, ligada a la anterior, es que el ejercicio de las políticas activas depende del diseño y aplicación de apropiados espacios institucionales donde, como se dijo, se ejerza la colaboración de los agentes privados y públicos como manera de ejercer la participación ciudadana y la descentralización de decisiones. Por lo dicho, una política activa en la ciudad no es responsabilidad exclusiva del gobierno municipal sino una tarea compartida por los ciudadanos que se animen a involucrarse en forjar una ciudad humana y justa fundada en el trabajo.
  • Enunciadas diferentemente, las consideraciones anteriores están expuestas en la Declaración de Boloña (enero de 1995) y en la Declaración de Fez (octubre de 1998) que suscribieran los Alcaldes de la Internacional Socialista. En ambas reuniones, los alcaldes socialistas reconocieron como "un objetivo internacional de los socialistas promover el asociacionismo local" (Boloña), y "mejoras en la ayuda al desarrollo mediante la cooperación descentralizada y la solidaridad internacional" (Fez).
  • En una línea de continuidad con aquellas, la Declaración de Rosario señala la necesidad de operar el asociacionismo local, la cooperación descentralizada y la solidaridad internacional para generar los espacios institucionales en las ciudades desde donde promover las políticas de generación del empleo y del trabajo remunerado. Desde la Primera Conferencia en 1995, los gobiernos socialistas de ciudades de los hemisferios Norte y Sur han ido incorporando un aprendizaje institucional, quizás insuficiente en cada sitio, pero una vasta experiencia en la sumatoria de experiencias. Por supuesto no debieran descartarse los buenos ejemplos que se registran en las políticas de administración de ciudades con gobiernos de otros signos.
  • Por cierto, la diseminación de las experiencias aplicando las tecnologías de la información es una vía interesante y factible como fuera señalado en Fez, 1998. Sin embargo, no debiera descartarse la exploración de alternativas que pongan en contacto directo a los agentes públicos y privados de ciudades socialistas para promover reuniones de trabajo, intercambio y discusión de los espacios institucionales y las políticas más eficientes.
  • A efectos de lo último, la Declaración de Rosario insiste en la necesidad de crear de inmediato una Red de Solidaridad Interciudades Socialistas (RSIS) para iniciativas que respondan a las urgencias de generar oportunidades de trabajo remunerado en el corto plazo. La creación de esa Red de Solidaridad entre ciudades socialistas sería un excelente ejemplo para dinamizar la iniciativa más amplia que una vez se propusieron Habitat-UN y un grupo de ciudades con el mismo objetivo de generar solidaridades.
  • La creación de esa RSIS podría apoyarse en los fondos de cooperación internacional contenidos en los presupuestos de algunas ciudades o regiones con administración socialista. De hecho, la Región de Extremadura hizo una importante contribución a la Municipalidad de Rosario para implementar el Programa Oportunidad de educación y capacitación laboral de jóvenes en situaciones de riesgo social. Ejemplos como el indicado podrían multiplicarse para ejercer los principios de cooperación descentralizada y solidaridad internacional entre ciudades.
  • Esos fondos de cooperación internacional tendrían otras aplicaciones posibles, esto es, el intercambio de experiencias con impacto sobre el empleo como los siguientes:

 

  1. Los programas de empleo y la política fiscal local (incluyendo los nuevos oficios, los servicios de empleo y otros espacios institucionales).
  2. Las agencias de desarrollo para el crecimiento del sector privado y la política fiscal.
  3. La armonización de los recursos nacionales, provinciales y municipales para la focalización de los gastos dirigidos al empleo.
  4. Las políticas urbanas de educación y capacitación laboral.

 

 

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