Declaración sobre la pobreza mundial

CONSEJO DE SANTO DOMINGO- Trabajando por un mundo más seguro y más justo, 26-27 de noviembre de 2001

 

La Internacional Socialista propugna por una disminución de la pobreza a nivel mundial, como meta y garantía esenciales de la solidaridad global. En este sentido, hace suyo el objetivo de la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, de reducir los índices de pobreza a la mitad de los niveles actuales para el año 2015.

Como parte de la estrategia para combatir la pobreza, el desempleo y las desigualdades económicas, la Internacional Socialista apoya que las naciones más desarrolladas amplíen los programas de reestructuración de la deuda externa, condonación de deudas a los países de menor desarrollo y a las naciones que experimentan una situación económica inmanejable.

La globalización del comercio y el aumento del flujo de capitales que ha caracterizado al mundo en los últimos años, si bien han venido acompañados de un crecimiento económico sin precedentes, han profundizado la brecha entre las naciones ricas y pobres. Las nuevas tecnologías han traído una creciente concentración del poder financiero y económico que ha expuesto a las naciones a una extrema vulnerabilidad ante las crisis económicas y financieras.

Si bien éstas han aumentado la productividad y creado nuevos tipos de trabajo, no han permitido distribuir las ganancias de manera equitativa y al mismo tiempo, han determinado la desaparición de una gran cantidad de puestos de trabajo. La globalización ha incrementado el poder e influencia de las corporaciones multinacionales y de los especuladores y manipuladores de los mercados de divisas, a expensas de los gobiernos nacionales.

En la actualidad, de una población mundial de 6,0 billones de habitantes, casi la mitad genera ingresos de menos de US$2,00 por día. El 10 por ciento más pobre de la población mundial sólo percibe el 1,6 por ciento del ingreso del 10 por ciento más rico de dicha población. El 57 por ciento más pobre de la población mundial apenas recibe el ingreso del 1 por ciento más rico de esa población.

En las últimas décadas, el 5 por ciento más pobre de la población mundial perdió más de la cuarta parte de su poder adquisitivo, mientras que el 5 por ciento más alto de esa población, aumentó su ingreso real en un 12 por ciento. El ingreso nacional per cápita de los veinte países más ricos del mundo es 37 veces mayor que el de los 20 más pobres, una brecha que se ha duplicado en los últimos 40 años.

Los Estados nacionales son los llamados a asegurar que la globalización redunde en interés de toda la comunidad mundial y no solamente de los intereses del gran capital de las multinacionales. Es compromiso de los gobiernos de la Internacional Socialista, a nivel mundial, desarrollar políticas económicas y sociales que conduzcan a superar la pobreza, la desigualdad y la exclusión que enfrentan millones de pobres en el mundo. Esto está enmarcado dentro del compromiso de la Internacional Socialista de que la globalización redunde en beneficio de todos los habitantes del planeta .

Una de las medidas más importantes que debe adoptarse para ayudar a los gobiernos en todo el mundo a combatir la pobreza, es la de adecuar las estructuras de una serie de organismos multilaterales como son el FMI, el Banco Mundial y la OMC, a los requerimientos de las realidades de los países más pobres.

Los papeles del FMI y del Banco Mundial se han confundido debido a la práctica de imponer una condicionalidad cruzada como requisito del uso de sus facilidades crediticias. Los programas de créditos deben de ser flexibilizados y reorientarse más hacia los proyectos en las áreas sociales, que elevan la educación, la salud y al combate a la pobreza.

Apoyamos la creación de un Consejo de Seguridad Económica, dentro del marco de las Naciones Unidas, con miras a coordinar mejor las políticas económicas internacionales e impulsar una lucha global contra la pobreza. Asimismo declaramos, que conviene ser más flexibles en las políticas de ajustes estructurales, a fin de que éstas tengan en cuenta los requerimientos del desarrollo industrial de los países más pobres.

Otra medida de gran importancia es que los gobiernos nacionales adopten planes de estabilización socioeconómica que utilicen instrumentos de política económica que no profundicen las desigualdades sociales y la pobreza. En particular, los gobiernos deben utilizar instrumentos que contrarresten la tributación regresiva, la volatilidad de los mercados de divisas y los movimientos especulativos de capitales y sus repercusiones sobre las tasas de interés. Además, deben procurar que los programas de estabilización de las economías afecten lo menos posible los gastos en obras de infraestructuras prioritarias y en áreas tales como sanidad, educación, nutrición y vivienda.

Finalmente, consideramos importante que los gobiernos nacionales adopten marcos jurídicos adecuados, para que aseguren que la privatización de los servicios públicos, tales como las telecomunicaciones, energía, agua y transporte, sean debidamente reguladas con el fin de asegurar que los objetivos de brindar mejores servicios y de forma eficiente, sean cumplidos cabalmente. En la práctica, es necesario evitar la transformación de monopolios públicos en oligopolios privados.

 

 

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