Declaración de Estambul
El primer semestre de 2025 transformó radicalmente el panorama mundial. El cambio político en los Estados Unidos tras las elecciones presidenciales ya está teniendo un impacto tangible en el sistema multilateral de las últimas décadas, generando un gran debate sobre cómo avanzar y adaptar el mundo a una nueva era con grandes transformaciones sociales impulsadas por los avances acelerados de la ciencia y la tecnología.
Cada vez resulta más evidente que, en nuestro mundo globalizado, el 1 % más rico, así como las grandes tecnológicas, están ampliando su poder y desafiando los límites de nuestras salvaguardias democráticas. Además, más allá de las fronteras, se están formando alianzas extrañas con la participación de partidos y políticos de extrema derecha o apolíticos. Esta es una señal de alarma que también representa una oportunidad para nuestra familia política, ya que las diferencias ideológicas son notorias, dejando atrás la narrativa de que ya no hay diferencia entre izquierda y derecha. En esta fase transitoria y cambiante, el sistema multilateral enfrenta una presión enorme que afecta tres aspiraciones fundamentales del progreso de las naciones: la democracia, la paz y el desarrollo.
En este contexto, los partidos miembros de la Internacional Socialista participantes en el Consejo de Estambul subrayan lo siguiente:
1. Para crear sociedades inclusivas, debemos defender la democracia
Parte de la estrategia de la extrema derecha y de los partidos apolíticos es socavar la idea de democracia. Desde señalar que no es un sistema eficiente hasta reducirla a papeletas o tuits, e incluso negar los resultados de elecciones democráticas. Un reciente ejemplo es el arresto con motivación política del candidato presidencial de nuestro partido miembro CHP, Sr. Ekrem İmamoğlu, también alcalde electo de Estambul, ciudad que da nombre a esta declaración. En todos los continentes observamos un retroceso con el aumento de prácticas autoritarias, persecución de oponentes políticos, uso político de la justicia, limitación de la libertad de expresión, desprecio por las disposiciones constitucionales y violación de derechos humanos fundamentales. Esta tendencia va acompañada del rechazo a los derechos laborales y de un retroceso en los derechos de las mujeres. El resultado es una mala gobernanza, corrupción y creciente desigualdad.
La democracia no puede existir sin frenos y contrapesos que impidan el ejercicio desenfrenado del poder, sin que una institución, partido o persona tenga el control total. Un gobierno sólo puede ser llamado democrático si concede un espacio legítimo a la oposición. Los frenos son mecanismos que permiten a las instituciones limitarse entre sí. Los contrapesos garantizan que una diversidad de puntos de vista e intereses estén representados en el proceso democrático.
El retroceso democrático es un proceso muy peligroso contra el que estamos comprometidos a luchar. Los principios éticos son de suma importancia en el ejercicio del poder. Los negocios y la política deben estar claramente separados. Los oponentes políticos no pueden ser perseguidos, arrestados sin causa justificada ni encarcelados indefinidamente sin pruebas. Los medios y redes sociales no deben usarse para desinformar. Además, los países en transición democrática no pueden disolver partidos políticos, sustituir el diálogo político por «pseudo-asambleas de la sociedad civil» ni negar el derecho a una opinión diferente.
Las sociedades por las que luchamos los progresistas son diversas, inclusivas y centradas en el ser humano. Queremos que todos los ciudadanos gocen del derecho a un trabajo digno, educación, salud, medioambiente limpio, seguridad, calidad de vida compartida, así como libertad de expresión, alfabetización mediática y respeto por todos los derechos.
2. Para construir la paz debemos practicar la solidaridad
Según los datos disponibles, los conflictos aumentaron en el último año. En 2024 la violencia política creció un 25 % a nivel mundial en comparación con 2023, con una de cada ocho personas expuesta a conflicto.
Desde Gaza hasta Ucrania, ha habido un gran aumento de víctimas mortales, y la ONU estima que 305 millones de personas necesitarán ayuda humanitaria en 2025. La violencia persistente en África — RDC, Sudán, Malí —, las tensiones extremas entre India y Pakistán y la situación en Myanmar completan este sombrío panorama.
Para nosotros, luchar por la paz es más que un deber moral: es una necesidad existencial. La situación actual muestra un fracaso colectivo que debilita un orden internacional basado en principios y normas que antes parecían inviolables, como el respeto a la soberanía, la interdependencia política y la integridad territorial. La paz duradera no se puede construir sin respeto a los pueblos, solidaridad práctica y conocimiento de la historia.
Invertir en armas no es el camino más eficiente para garantizar la seguridad global. Sin tratados internacionales vinculantes y respetados sobre el control de armas, corremos el riesgo de una carrera hacia la destrucción mutua. Destruir es fácil; reconstruir, mucho más difícil. Mientras tanto, aumenta el flujo de refugiados, las personas desplazadas siguen sin hogar, y el patrimonio cultural desaparece del mapa.
El meta-mundo en el que vivimos crea nuevas vulnerabilidades que exigen una concepción totalmente distinta de la seguridad. El avance tecnológico produce nuevas armas letales sin regulación. Los ataques híbridos y terroristas amenazan la seguridad humana. Nos comprometemos a incluir estos temas en nuestra agenda futura con propuestas para modernizar los tratados existentes.
Invertir en paz puede ser largo y difícil, pero es el único camino posible, y nuestra organización ha contribuido históricamente a este esfuerzo en todos los continentes. Continuaremos alzando nuestra voz de manera sistemática por todas las víctimas anónimas, porque para nosotros, toda vida humana tiene el mismo valor.
3. Apoyar los ODS y evitar una crisis global de desarrollo
La pandemia de COVID-19 puso en evidencia la desigualdad global y, tras un periodo de volatilidad económica, revirtió avances en el desarrollo. Los países emergentes enfrentan crecientes dificultades con la deuda, que se ha vuelto insostenible. Es necesario reformar y actualizar las instituciones financieras internacionales y los bancos multilaterales de desarrollo. La Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, que se celebrará en junio de 2025, representa una oportunidad para alcanzar un consenso sobre medidas específicas que movilicen todos los recursos y políticas a favor del desarrollo sostenible.
En tiempos en que la extrema derecha internacional cuestiona asuntos globales clave como el cambio climático, la cooperación sanitaria y las prioridades del desarrollo, la Internacional Socialista respalda los acuerdos y esfuerzos de las Naciones Unidas y continuará contribuyendo a la implementación de los Objetivos Globales de Desarrollo.
Creemos en la necesidad de continuar los esfuerzos para mitigar el cambio climático, tal como se establece en el Acuerdo de París, como un deber hacia las generaciones futuras.
La retirada de Estados Unidos de muchos acuerdos multilaterales, incluidos los ODS, debe revertirse, ya que puede provocar una policrisis global y poner en riesgo avances que ya han salvado vidas, reducido la pobreza, contenido epidemias, respondido a catástrofes humanas, mejorado la alfabetización y protegido los derechos de mujeres y niñas.
Traducido del inglés
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